Quedaban pocas horas del año de la rata en el calendario lunar. Mientras que una gran parte del mundo celebró el año nuevo hace más que 4 semanas, aquellos que no lo hicieron, muchos en Asia del Este, especialmente en China, celebraron el año del Buey el lunes pasado. Cada año promete prosperidad (por los menos para algunos), felicidad y fortuna según las antiguas predicciones de los sabios que vigilaban los templos Taoistas ocultos en las montañas vertiginosas de China. Un feriado singular, el año nuevo chino es una celebración de escala y de extensión sin comparación. El mandato del gobierno de dos semanas enteras de vacación y también la suspensión de la producción es única en su origen. Que magnánimo del gobierno de aquella raza tan laboriosa y diligente que no permite pero demanda, si, lo demanda este descanso de diez días del ámbito más exigente, lo que se llama el trabajo.
Considerado un pueblo muy pragmático y realista, los chinos son también muy supersticiosos, especialmente las generaciones nacidas antes de la revolución. La practica de colocar el carácter Fu (fortuna) volteada en la puerta es inevitable para aquellos que quieren ser benditos con la buena suerte, prosperidad y fortuna pero esa costumbre milenaria proviene de una historia, poco conocida, de la historia de una bestia llamada Nian (año). Hace muchos años en que el año nuevo, en vez de ser celebrado, era temido. El pueblo esperaba con miedo en las vísperas del año nuevo mientras que el espantoso y hambriento monstruo con sed de sangre descendió a las aldeas y pueblos devorando la cotizada cosecha y los amados niños en el primer día del año nuevo. Tierras fueron destruidas y familias hicieron velas en caso de la perdida de sus pequeños. Uno de esos años, la gente del pueblo llamó una reunión comunal y durante el transcurso de la reunión, algunos recordaron la manera de como complacer a los antepasados con ofertas de comida. Aquella noche, ellos se pusieron de acuerdo en la ejecución del plan. Ese año cuando Nian llegó a la cuidad, afuera de las puertas de todas las casas estaba puesto un plato de ofrendas. Ese año ni un niño fue perdido, ni un campo destruido; el pueblo se regocijó por su victoria contra la bestia Nian. Durante ese tiempo, la población descubrió fortuitamente que Nian temía el color rojo porque se mantenía una distancia de los niños vestidos de rojo. El descubrimiento brillante engendró la costumbre de colocar letreros y linternas rojas afuera de las puertas principales de las casas y también la tradición de vestir los niños con ropa nueva de color rojo.
Hoy en día, la mayoría de chinos no son religiosos ni gente que teme a dios, pero el año nuevo tiene un espacio sagrado en la sociedad, en la familia y en el corazón. Al contrario de las celebraciones occidentales del año nuevo con la embriaguez y las fiestas extravagantes en locales exclusivos, juntándose alrededor de puntos de espectáculo (como en Nueva York, Las Vegas, o la playa Asia) o emborrachándose con cerveza infinita, los chinos tienen una manera muy diferente, y de una manera, mas sensible, de celebrar. Para aquellos que migran a las ciudades lejanas en la búsqueda de fortuna o sobrevivencia, el año nuevo destaca como aquel tiempo raro en que uno puede regresar a la casa, a la tierra amada y tierna donde los padres envejecen mientras que los niños crecen, y donde todos los están esperando. No importan las distancias, las migraciones extensivas que ocurren antes del año nuevo son solamente un fragmento de la historia.
A veces en el mes de enero, a veces en febrero, el año nuevo siempre cae en los meses más helados y tétricos en la mayoría de China. Antes de su ascendencia a la plataforma del mundo, en China había mucha pobreza y tecnología muy limitada, inclusive tecnología para calentar las casas suficientemente sin la necesitad de ponerse capas y capas de ropa y abrigos para mantener el calor. Hasta ahora, eso no ha cambiando mucho en el sur donde la calefacción es una extravagancia y restaurantes operan con unidades solitarias de maquinas que funcionan como calefacción y aire-acondicionado al mismo tiempo, emitiendo calor justo para calentar a los que están de tres metros de su radio. Si alguna vez has visto una película china antigua donde los residentes de Beijing se juntan alrededor de un calentador de carbón en el medio del invierno, imagínate eso solamente con una maquina que emita un aire tibio en lugar del calentador rudimentario, así es una gran parte del sur de China hoy en día.
Valiente o cobarde, fuerte o débil, todos los que tienen un lugar llamado el hogar y padres vivos hacen la jornada llena de óbices para reunir con la familia para esos preciosos primeros días del año nuevo. En el medio del invierno, la reunión de la familia que incluye padres, abuelos, hermanos, tíos, primos e hijos, calienta el hogar, modesto o lujoso, nuevo o viejo. Al llegar al hogar, el cariño de la familia calienta los cuerpos temblando del impacto del viento helado a la piel expuesta; desde los dedos cubiertos con medias y guantes hasta las vísceras, invisible al ojo desnudo, hasta los huesos y finalmente al corazón; el amor de la familia nos penetra por completo y nos alienta.
La familia con el hijo o hija, madre o padre lejano o ausente por cualquier razón es una familia incompleta, una que celebrará con buen animo para recibir el año nuevo, pero todo debajo de la apariencia de la felicidad; siempre hay un especie de dolor en el corazón recordando al hermano, hermana, hija o hijo cuya presencia les hace falta y es lamentada en privado, pero nunca abiertamente para no perturbar la atmosfera festiva y alegre del año nuevo.
En comunidades chinas en el extranjero hay reuniones que recrea, lo mejor posible, las características acogedoras, familiares y cariñosas de las reuniones que transcurren durante ese tiempo. Aquí en Lima en las vísperas del año nuevo, las familias fragmentadas comparten con sus amigos chinos al igual que peruanos. Todos se sientan alrededor de una mesa redonda, formando un círculo que significa las cualidades de la familia: completo y fuerte como un anillo que no tiene comienzo ni fin. La mesa esta repleta de comida casera, como una cacerola de tofu y champiñones, y con delicadezas como la suculenta sopa de aleta de tiburón, mientras que la televisión transmite el programa especial celebrando la festividad con personajes conocidos cantando canciones en honor de la patria, bailes que muestran orgullosamente la riqueza étnica y cultural de china y teatro cómico con los mejores en comedia. El espectacular y muy anticipado programa maratón esta difundido mundialmente y para los que están lejos de su patria, ese programa en ese día reúnen aquellos con el anhelo de estar en su tierra amada y lejana, en el hogar donde les esperara la familia para el año nuevo.
jueves, 29 de enero de 2009
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2 comentarios:
me encanto ese dia
TIERNA, REAL Y AUTENTICA DESCRIPCION Y VIVENCIAS DE UNA LINDA PERSONA QUE VINO DESDE EL LEJANO ORIENTE, SE ENAMORO DE PERU,SU TRADICION, CULTURA Y SOBRE TODO DE LA CALIDAD DE SU GENTE
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