sábado, 27 de diciembre de 2008

Viaje: destino desconocido

Solamente como viajera, me puedo sentir pertenencia; solamente como viajera me puedo encontrar mi lugar en este mundo que es mi hogar.

Hay viajes que tomamos sabiendo el destino, y hay aquellos que nos espera como una tabla blanca, sin un rastro familiar, que nos invita a explorar el mundo exterior y nuestro mundo interior, a descubrir más de nosotros mismos y todo lo que nos rodea. Desubicada de nuestro entorno habituado nos hace conocer un poco mas de nosotros; desprendiendo las costumbres, los hábitos y discriminaciones que solíamos a llevar es como reencontrar con el mundo desde los mismos ojos pero cambiados de una manera inefable. El nuevo entorno a veces nos ruega a cambiar los modales que son tan familiares que forman parte de que pensamos que somos; a veces es como comenzar de punto cero. Para algunos, ellos están tan arraigados en sus costumbres y hábitos para comenzar de nuevo y nunca se pueden acculturarse ni asimilarse mientras que para otros, es parecido a una habilidad innata que se puede mimar con tanta agilidad que nadie podría darse cuenta.

Un viaje planificada para ser cinco semanas, un reencuentro de tres amigos improbables y una presumible vacación en anticipación de tiempos desafiazos para una novata en el mundo financiero de Nueva York se convirtió a una vida nueva en un mundo de horizontes sin limites; una vida nueva de nuevas alegrías y nuevas angustias, un mundo soñado por mucho tiempo y simultáneamente, tan lejano y fuera de alcanza hasta que tuve el coraje de saltar de un precipicio sabiendo el riesgo de caer en el abismo. No me caí, pero al no caer llegue al otro lado del abismo, un acantilado que me esperaba pacientemente como una madre que ni por un momento duda que un día sus hijos regresarían a su lado, al hogar, al destino.

Ese mundo nuevo esta lleno de misterios y de acertamientos, de felicidad inmedible y tristeza profunda. Esa vida nueva me envuelve en su encanto, su calidez, su novedad, y sin darme cuenta, ella transformó la trayectoria de mi vida. Que fácil era contemplar y que difícil era actuar pero una vez tomado la acción necesaria para realizar algunos deseos y sueños la próxima vez será menos intimidante, menos incierta y más acertada y mejor entendida. Sabía que al no saltar a un nuevo acantilado, la posibilidad de ser seducida por el brillo y encanto de una vida construida alrededor de materialismo, hubiera sida verdaderamente irremediable.

viernes, 5 de diciembre de 2008

El viaje de la vida

Un viaje de la imaginación nos puede deleitar en cualquier hora, cualquier lugar; es posible que nos visita en los sueños o mientras que estemos paseando en un parque, pero un viaje físico es algo fortuito, que nos permite a vez en cuando. Un viaje nos aleja de nuestra realidad inmediata, nos lleva a un sitio no soñado previamente, ni imaginado, ni concebido. Una vez que lleguemos a un ambiente extraño o encantador, nos abren los ojos, la mente, el horizonte y el mundo. El acto de la jornada del viaje, de los que estamos condenando porque nos carece la facultad de teleportacion, es un viaje de la mente, es un momento de reflexión de nuestra vida, para contemplar la belleza infinita de nuestro mundo, que sea pequeño o grande, verde o azul, alegre o angustioso.

Desde el momento en que me desubique de la tierra mía, de mi patria, de la tierra de entierro de mis antepasados, la vida se volvió un gran viaje sin destino; es el viaje de la vida que esta llena de preguntas sin repuestas, de destinos sin nombres, de un camino solamente visto detrás de la neblina. Es un viaje por tierra, por cielo, por agua; un viaje por memorias, por búsquedas, por descubrir. El recuerdo de mi primer viaje es tan fresco como el óleo que saque hoy de su frasco. Hice mi primer viaje, un viaje que cambiara toda mi vida, cuando tenía seis años y medio; era un viaje inolvidable y en su momento, incomprensible en su magnitud para una niña. Días antes de este viaje esperado, yo todavía vivía en la alegría de la inocencia de la niñez, vivía en un mundo acogedor y familiar, un mundo que me rodeaba el cariño de adultos, la rivalidad de los niños y la seguridad y satisfacción del hogar.

Yo estaba preparada para viajar a un sitio lejano, solamente escuchado por las anécdotas de los adultos, pero un sitio, por el hecho de su nombre “Mei Guo – País Hermoso”, me hizo la envidia de todos mis primos que hubieran cambiado sitios conmigo en un parpadeo. Mi primo mayor, que parecía mejor informado que yo, me contó de cosas fantásticas de este país misterioso: que las calles eran cubiertos con alfombras de terciopelo y que este paraíso para niños tenía todo los juguetes imaginable e inimaginable, desde muñecas con pelo de oro que cantaban hasta carritos que travesaban montañas a alturas vertiginosas. A pesar de todos los elogios, cuentos fantásticos y entusiasmo de mi primo y los adultos, no me quito la duda de dejar este lugar que adoraba, que amaba. Nunca soñé, como los otros, conocer lugares lejanos y extraños; para mi solamente existía el mundo como lo conocía: del cuido y amor de los adultos, a veces inclusive fastidioso, los juegos y a veces las peleas con mis primos y amigos vecindarios, de los paseos en las calles movidas y curiosas, llenas de novedades que me vacilaban, como bombones en la forma de limón con el dicho afecto de aumentar belleza o conversaciones con mis primas en que aprendí del increíble hecho de que los seres humanos eran animales, tal como los pájaros y peces.

En mi mente, existía la curiosidad para saber que presentaba este viaje al “País Hermoso”, como será la sensación de volar en el aire en un invento de los hombres, como será mi mama, de la que no tenia la menor memoria y como será esa tierra lejana. Lo que pensé era un viaje largo, se convirtió a una nueva vida, una que me sedujo con lo que me habían contado y también lo que no me habían contado, como el mundo de entretenimiento de Disney, o juegos del mundo de los hermanos Mario; numerosos mundos nuevos que me cautivaban y distraían hasta que me olvide de mi hogar lejano, en el otro lado del mundo.

Que fácil era perderme en ese mundo lleno de novedades y sumergirme en todo sus encantos. Motivado por cierta vergüenza, poco a poco me despedí a mis costumbres y hábitos considerados demasiado chinos e insólitos en mí nuevo entorno, como almorzar fideos con mis adorados palitos chinos o hablar en Mandarin con mis padres; harta de las burlas e injurias de los niños ya no tan inocentes, adopte un aire de indiferencia a cualquier rasgo de mi cultura china. Paso muchos años antes de que pudiera empezar a reconocer y reencontrar mi pasado y mis raíces.

Solamente como viajera, me puedo sentir pertenencia; solamente como viajera me puedo encontrar mi lugar en este mundo que es mi hogar.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Life and work

The beginning of spring brings to Lima crepuscular afternoons that are reminiscent of Picasso’s blue period. As the sun sets into the Pacific, a diaphanous sea of ultramarine inundates the city in a veil of coolness and silence that drowns out the din of cars racing down the street. Looking out my window, this spectacular phenomenon paralyzes me for the moment and transports me to a place out of space and out of time…

My thoughts take me to earlier in the day, when the idea occurred to me, “we may be born free, but the moment in which we enter this world, we are immediately inducted into a society that tacitly places restrictions and regulations on that apparent freedom”. For the vast majority of those born, after schooling or perhaps even during, in some way or another, we become enslaved to a job to which we dedicate half of our waking life to. If you are lucky, you would work in something you enjoy, or as Confucius said more than a thousand years ago, “Turn your passion into your work and you won’t work a day in your life.” The unlucky ones, which is to say the majority, may share the sensation that a life full of potential meant for greater things will be wasted and thrown away at a counter counting money, in a cubicle mouse-clicking away or worse, stuck to a chair for 12-hrs a day keeping watch on the 10 houses that fill the street.

The agonizing idleness that is consequent of certain jobs becomes utterly demoralizing, even dehumanizing when one begins to ponder existentially regarding such circumstances in life. According to Karl Marx, the capitalist system turns money into a ruler against which the value of human beings is measured; money has the ability to turn a vile, hideous, brutish person into a desirable and attractive one. The power which we concede to money allows it to instantly transform a person: not profoundly or genuinely, but rather, with deceit and manipulation, achieved with advertising, social conditioning and other brain-washing mass reaching devices.

We may philosophize, ascertain or even deny altogether any reasons for being, for existence, but one thing is irrefutable: human potential is being wasted everyday at jobs that involve monotonous tasks turning us into machines, ignoring the thinking, conscious beings we really are. Work that does not require intellect, exploration, discovery, innovation, or creativity suffocates the pondering brain and emotive soul; it stifles our human potential to create and discover and desensitizes a naturally feeling being, dehumanizing human beings. As productive members of society, each individual should have the right to work that fulfills a need benefiting society at large, not just the individual nor a handful; we should have the right to work that is fulfilling spiritually, that allows for expression and creativity or the alleviation of human suffering.

The struggle against the immensely seductive powers of money and materialism is a constant one, as each day more publicity, subliminal advertising and corporate sponsored “news” is thrown our way. Lima may not be the main target of this not so subtle campaign but such tactics have proliferated through nearly all corners of the world; it is inescapable and not any less so in this city of blue crepuscular spring afternoons.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Shades of Blue and Red

"Trees do everything we do to be loved, but walk"

- The Color Purple by Alice Walker

Trees, perhaps our next of kin in the construed wilderness, go through the seasons in a similar way we experience life, in stages and moods. Spring signals birth, metaphorically or figuratively, of spirit or body. Summer is a continuation of that birth, in which the zenith of growth is reached; fall allows for reflection and introspection, for withdrawing momentarily into ourselves; and finally winter rejuvenates and refreshes.

The title may be mistakenly understood as patriotic or nationalistic, actually it has quite a different significance; the title, Shades of Blue and Red signifies the many moods of life which can be characterized most abstractly by colors; varying gradients of red to represent intense or subtle moments of joy, rapture or indignation, rage; shades of blue for those calm and pensive moments of melanchoy, of loneliness, of desolation. Intuitively and subconsciously colors come to take on meanings that paint different stages of life, which I want to reflect on in these virtual pages of my inner life.

martes, 11 de noviembre de 2008

La vida y sueños

Sueños, sea en nuestra vida despierta, o nuestra vida soñando, son una fuente de inspiración, imaginación, misterios infinitos y repuestas indefinidas. Escribir, ya sea inspirado por sueños o la vida real, en las palabras del escritor brasilero, Paulo Coelho, es atreverse a buscar, encontrar y enfrentar nuestra alma, cuya omnipresencia es fácil olvidar; llevarla y comunicarla en el mundo físico, en nuestra vida. Viviendo, soñamos del futuro, del pasado, del presente. La increíble facultad de soñar resulta en que uno se puede equivocar pensando que es magia; pues no es magia, es el poder de guiar, de construir y modular el futuro por nuestras acciones y pensamientos del presente y del futuro cercano.

Hace un año yo estaba en mi dormitorio en la casa de mis padres, con todos mis recuerdos de mi adolescencia que había vivido en este cuarto con las paredes de rayas de colores pasteles, con fotos de mi con mis amigos del colegio, con mis primos en China; es una caja de tesoros llena de recuerdos. El tiempo allí no avanza, el tiempo en este cuarto para y muy lentamente retrocede hasta que llegue el punto en la infancia cuando la creación de los recuerdos comienza. En este cuarto, soñaba mucho porque era uno de los pocos recursos que tenia para reinventar la vida, para deshacer todo lo desagradable y doloroso, y reemplazarlo con todo de mis fantasías y deseos que solía esconder en el fondo de mi corazón. Ocultado, ellos no podían ser dañados ni destruidos porque existían mientras que yo existía, mientras que tenía consciencia y podía inhalar y exhalar, ellos no se distinguían. Mi cuarto era mi refugio y mi corazón era el refugio de mis sueños.

Un día, exhausta físicamente de mi entrenamiento en el gimnasio, entre mi cuarto y me tire en la cama. Mis ojos fijaron en el techo estrellado y brillando con plástico cortado en forma de estrellas. Me acorde este día en que decore mi techo con tanto entusiasmo y alegría, transformando mi cuarto a una imitación humilde del cielo afuera, infinito y estrellado con millones puntitos de brillo. Desde ese día, todas las noches, soñaba bajo las estrellas, en un mundo lleno de enigmas, algunas para descifrar, algunas para contemplar, otras para olvidar. Desde ese día, mi mundo se agrandó, en las noches mi cuarto se volvió todo un mundo, el mundo afuera que me invitó a tocar y respirar explorando sus destinos lejanos y foráneos. Los sueños variaban de noche a noche, a veces soñaba explorar una tierra envuelta en nieve, con sierras nevadas sin vida en el horizonte; a veces soñaba de festejos con fogata, música que despertó en mi una persona simultáneamente animal, salvaje, bella y humana, bailando con otros en una gran orgia. Lo que no cambiaba era lo que hallaba en el transfondo, lo estático e eterno: la búsqueda del amor y mi mismo.

En nuestras vidas, la vida real y nuestros sueños conyugan para transformar y reinventar lo que vivimos; no como la combinación de aceite y vinagre que mantienen perfectamente su propio ámbito, la mezcla es mas como un jugo surtido: la fruta como la vida en que extraemos lo que queremos; agua o leche, el entorno en que los sueños se transpira, y azúcar o miel, momentos de alegría para endulzar el jugo de vida. Al contemplar mi vida ahora, no es tan diferente a la que soñaba un año atrás: el jugo es delicioso e inolvidable.